DIV05

Usted está aquí: Saltar la barra de navegación de las migas Quinta División del Ejército Nacional -   Medios informativos -   Noticias -   Mayor General Óscar Enrique Gonzalez Peña, asumió como Comandante del Ejército Nacional

Fin barra de navegación de las migas


Mayor General Óscar Enrique Gonzalez Peña, asumió como Comandante del Ejército Nacional

06 de noviembre de 2008

Palabras del Comandante del Ejército, en ceremonia de reconocimiento por parte de las tropas en la Escuela de Cadetes “General José María Córdova”
Implorando la protección de Dios; con la confianza del Señor Presidente de la República, que agradezco de corazón; anteponiendo mi inmenso amor por Colombia y mi entrañable afecto por mi Institución; con la certeza del profesionalismo y transparencia de los miembros del Ejército; rodeado de la sinceridad de mis compañeros y amigos y del cariño de mi familia, asumo con orgullo y optimismo el cargo de Comandante del Ejército. Del grandioso Ejército Colombiano

Tengo claras las responsabilidades y desafíos que me esperan. Entre otros, seguir haciendo del Ejército la vía más expedita hacia la paz, dentro del marco legal, como se viene haciendo, es decir, con un empeño decidido contra la violencia y contra quienes la promueven. Para el cumplimiento de este propósito tengo la carta de navegación que me deja mi general Montoya y la experiencia adquirida a lo largo de mis 38 años de carrera, orientada siempre a reducir la capacidad de daño de los grupos al margen de la ley.

Hacer del respeto a los derechos humanos y al DIH, la senda por donde transite la convivencia entre nuestra sociedad y la Institución, será mi tarea prioritaria; para ello, seguiré fiel a los dictados de la conciencia y a la normatividad vigente, a las estrictas políticas y directrices de la Presidencia de la República, del Ministerio de Defensa y del mando superior – que no dan margen de desvío- y con base en ellas desarrollaré los campos académico y del convencimiento para crear una cultura proactiva que inspire la seguridad y la confianza de la comunidad hacia nuestra gente y hacia nuestro accionar.

Otro de mis firmes propósitos será mantener la credibilidad en el Ejército, la cual buscaré dentro de la línea de resultados incontrovertibles y servicios a la población, delineamientos que también herede de mi antecesor. Nuestra Institución debe seguir siendo la propietaria de ese primer puesto en concepto favorable, entre las instituciones del Estado, tal como lo ha manifestado la opinión pública mediante encuestas realizadas en diversas ocasiones.

Buscaré hacer de la transparencia la carta de presentación de los procedimientos operativos, de inteligencia, y de los manejos administrativos, tal como se viene haciendo; para ello difundiré y controlaré la normatividad vigente reforzando los marcos que limitan nuestras facultades para no incursionar en terrenos que pongan en entredicho nuestro prestigio.

Por supuesto que estaré atento a los caprichos de las dinámicas y de las circunstancias buscando siempre la articulación con el tren de las evoluciones. En este sentido, trataré de acertar en la aplicación de las variantes que la situación demande.

Soy conciente de que entro a comandar uno de los mejores Ejércitos del momento. Sus triunfos, que seguiremos buscando, lo confirman. Mi labor no será difícil por cuanto quedo a la cabeza de hombres y mujeres honestas, leales, altamente profesionales, con vivos deseos de acertar, atributos que, en el contexto institucional, serán la póliza que garantice unos servicios dignos y eficientes al país. Sé que, por culpa de unos pocos, estamos pasando unos tragos amargos, tragos que tenemos que digerir lo más pronto posible y cuya lección, por dura que haya sido, no debemos olvidar, precisamente, para que no vuelva a ocurrir.

En este propósito me tienen que ayudar y comprometerse todos los oficiales, suboficiales, soldados y civiles. Los comandantes, en todos los escalones del mando, tienen que tomar la bandera de la ética institucional, de los principios y valores patrios y hacerlas ondear en todo el país. Todos los que tengamos mando debemos expiar las culpas de quienes han caído en pecado contra los derechos humanos y hacer absolutamente digna nuestra Institución.

Ceñidos estrictamente a las políticas oficiales, deseamos entregarles a los colombianos en bandeja de plata, todo lo que esté a nuestro alcance para logar una convivencia definitiva. Hemos estado cerca a la victoria total, pero ésta no se va a lograr mientras todas las fuerzas vivas de la nación no nos acompañen con su solidaridad en este propósito.

Con entusiasmo y eficacia seguiré contestando a lista en las políticas de la Seguridad Democrática, gracias a la cual han disminuido todos los índices de violencia que hace seis años nos marcaban como una de las sociedades más bárbaras del planeta. Índices que, con la presión del Ejército sobre las organizaciones terroristas y criminales, pronto deberán quedar cercanos a cero. Esta estrategia oficial viene reduciendo considerablemente el número de individuos empeñados en la violencia, además de haber rebajado el inventario de zonas y tierras bajo hegemonía delictiva. Pero quizás lo que más hay que abonarle es el haberles devuelto la confianza a los colombianos y la fe en sus instituciones y en el futuro de la nación, lo que ha contribuido al impulso del desarrollo en muchos de sus campos.

El Ejército, junto con las otras Fuerzas, ha sido eje de esa Seguridad Democrática y lo seguirá siendo. En la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y las bandas emergentes se ha llegado a puntos muy cercanos a su claudicación. Sin embargo, ésta no depende exclusivamente de la Fuerza Pública y sus capacidades. Mientras en el ámbito general, por una u otra razón, haya circunstancias de distinta índole que, velada o abiertamente, estimulen o propicien el accionar sedicioso o narcotraficante, el camino hacia la paz definitiva será más complejo.

Hay comportamientos y manifestaciones, incluidos proyectos de vida y ambiciones de diferentes órdenes, que se convierten en acicate para que los violentos sigan en su ley, reivindiquen su violencia. Así, es imposible sacarlos del contexto de criminalidad en que se desenvuelven. Qué bueno sería que muchas actitudes se sopesaran a la luz de la necesidad impostergable de alcanzar la paz en Colombia.

Señores oficiales, señores suboficiales, apreciados soldados y afable personal civil: cuenten con un compañero más y con un amigo que estará cerca de sus afanes y les ayudará en sus triunfos. Para efectos de dejar muy claro el mensaje que les quiero transmitir en este momento, por considerarlas totalmente pertinentes, voy a transcribir algunas palabras de mi general Padilla en su posesión como Comandante General de las Fuerzas Militares:

“Este supremo esfuerzo comporta decisiones oportunas y valerosas. Desde el alto mando no vamos a rehuír las que sean nuestras. Pero ninguno de nuestros oficiales y de nuestros soldados dejará de asumir el riesgo o el compromiso requeridos. En la hora suprema no caben las vacilaciones ni los errores por omisión. Sobre todo, no habrá espacio para el peor de ellos, que es el despilfarro de las oportunidades. En el ataque final, que hoy empieza, cada uno estará en su puesto y sabrá cumplir su deber. El que no se sienta con capacidad o entusiasmo suficientes para esta empresa, dirá ahora, y no más tarde, la palabra justa y razonable que le ahorre estas obligaciones enormes. Sabremos comprenderla.

Seremos, acaso, el primer Ejército que en la historia gane una guerra con la preocupación fundamental del respeto al Derecho Internacional Humanitario, que contemplamos desde la atalaya luminosa de nuestra Constitución y nuestras leyes. No vamos a deshonrar nuestro combate con un acto salvaje, con una crueldad o una cobardía con el vencido. Los resultados nos legitiman ante el pueblo por el que luchamos, la justicia nos justificará ante el mundo y ante la posteridad. Será mil veces preferible un revés momentáneo que soportar para siempre una indignidad.

Nunca se ganó una guerra perdiendo el respaldo popular. La abrumadora favorabilidad con que los colombianos juzgan nuestra conducta, no puede envanecernos ni torcer nuestro camino. Bajo las instrucciones del poder civil, contribuiremos a la construcción de la paz. Las tierras y los bienes de todos los bandidos que han asolado la República tendrán que volver a su titular legítimo, que es el pueblo de Colombia. Cada unidad militar estará obligada a denunciar las seudo propiedades de los delincuentes en derrota. Nuestra proximidad al gran escenario de los acontecimientos, nos convierte en actores fundamentales en el descubrimiento de esos activos mal habidos, y en la garantía plena de la nueva, limpia, creativa propiedad que los jueces otorguen sobre ellos”.

Señor Presidente y señor Ministro de Defensa: de nuevo, gracias por su voto de confianza, y tengan ustedes la certeza de que continuaremos con los éxitos que logró mi general Montoya dentro de la transparencia que siempre lo acompañó.

Señor general Padilla: esté seguro de que haremos todo lo posible para que su Ejército, el que me ha confiado para liderar, le reporte permanentemente satisfacciones operacionales en el marco de actuaciones impecables.

Señor general Montoya: muchas gracias por todo lo que nos brindó: ejemplo, enseñanzas, orientación, amistad y apoyo. Sabremos recordarlo con cariño. Su Ejército queda en deuda con usted y la saldará con victorias y fidelidad.

Amigos que me acompañan: recuerden que en el Comando del Ejército tienen un amigo incondicional que espera sus recomendaciones y consejos.

Querida familia. Sigo contando con sus bendiciones. Dios siempre ha escuchado sus oraciones.

Gracias a todos por venir y gracias a todos por escucharme
COMPARTIR

Horario Atencion: 08:00 - 12:00 y 14:00 - 18:00
ddhhdiv05@ejercito.mil.co

Numero de visitas: 51.062